Editorial…

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De lo dicho a los hechos

De siempre, las administraciones federales con un presidente de la república, sin importar partido de origen, presumen grandes logros y por menos que sean los magnifican y los comparan artificiosamente para demostrar que son, o han sido mejores que sus antecesores, en especial si fueron de otra ideología política.
En el gobierno de Enrique Peña Nieto, las cosas no son distintas, por ejemplo con la presunción de la generación de 3 millones de empleos, soslayando que son muy pocos para una nación con población creciente para integrarse a las actividades productivas mediante más de un millón 200 nuevos espacios laborales cada año.
No se duda de que los 3 millones sean más que los de Felipe Calderón o los de Vicente Fox, pero no son suficientes para los mexicanos que, al no tener oportunidades laborales, o caen en las garras de la delincuencia o se incorporan e incrementan las actividades informales que tienen un mayor porcentaje de crecimiento.
Con Agustín Cartens en el Banco de México y José Antonio Meade en Hacienda, las cuentas fueron alegres, presumían de una economía estable y de una inflación controlada, pero resulta que la inflación acumulada en el país fue de 6.77 por ciento al cierre del año.
El presidente Peña Nieto, al promover la reforma energética ofreció baja en los precios de los energéticos, incluyendo la energía eléctrica, pero los combustibles fósiles que extraemos del subsuelo para convertirse en gasolinas y diésel, están más caros que antes de la reforma.
Los incrementos en el precio de la energía eléctrica afectan a millones de ciudadanos de la clase media baja que han logrado tener un acondicionador de aire como un satisfactor familiar, dejando por ello de pertenecer al 99 % de la población que el presidente de la republica dice no son afectados.
Analistas económicos aseguran que la elevación de la inflación, por arriba de los pronósticos oficiales fue impulsada en un 27 por ciento, por los aumentos a la gasolina magna, al gas para usos domésticos y a la compra de vivienda, además de alimentos, bebidas y tabaco, toda vez que los precios al consumidor en México no dejaron de subir durante 2017.
Por la presión inflacionaria que se tiene en el país, el Banco de México analiza la conveniencia de incrementar su tasa de referencia para los Bancos e instituciones financieras, lo que sin duda alguna afectará a los usuarios de líneas de crédito, incluyendo tarjetas de crédito.
Otra situación de la cual desconocemos los efectos negativos en el desarrollo económico del país es lo relativo a la multimillonaria deuda en euros emitida por el gobierno de Enrique Peña Nieto para “sanear” y para “fortalecer” el desarrollo de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad, con un interés fijo y a plazos hasta de cien años para el rescate del valor de la emisión de papel.