Editorial…

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¿Y ahora qué?

Por fin, los integrantes del congreso bajacalifornianos se hartaron de recibir insultos de manifestantes que en forma unilateral han asumido la representatividad de la ciudadanía, siendo el arrojo de orina y excremento hacia adentro del recinto oficial, la gota que derramo el vaso.
Ante esa situación se llevó a cabo el desalojo, por parte de elementos de seguridad pública, del contingente de manifestantes que tenían tomadas las instalaciones el Dip. Edgar Benjamín Gómez Macías, presidente de la del Congreso compareció, en compañía de la diputada Eva María Vásquez Hernández, secretaria del mismo organismo, ante la Procuraduría General de Justicia del Estado, “a presentar denuncia penal por presuntos hechos que pudieran considerarse constitutivos de delito en perjuicio de la Soberanía que me honro en representar”.
El legislador presidente del Congreso destacó: “Esta XXII Legislatura ha sido respetuosa de la libertad de expresión; asimismo, hemos solicitado que ese derecho de todos transite por la vía del respeto irrestricto a la legalidad y salvaguardando el estado de derecho”.
Destacó que a partir de la denuncia dejaron “en manos de la autoridad correspondiente, todas las diligencias que la misma determinará en ejercicio de sus facultades y atribuciones, para lo cual manifiesto mi entero respeto a dichas actuaciones”.
Luego, “como representante del Poder Legislativo, hago un llamado para que prevalezca un ánimo de orden y legalidad que permita restablecer la actividad institucional del poder del Estado que represento y las demás instancias públicas de la entidad”.
Seguramente que esta acción de los directivos del congreso fue sorpresiva para los manifestantes, quienes luego de violentas acciones anteriores, el diputado Edgar Benjamín Gómez Macías, minimizo los hechos y aun cuando los actores materiales de los daños en instalaciones del recinto legislativo estuvieron plenamente identificados y confió en un supuesto acuerdo con algunas de las cabezas de los grupos manifestantes.
Sin duda, esa blandezca determinación del congresista dio muestra de debilidad hacia los manifestantes que engallados llegaron a las acciones denunciadas.
Hasta ahí todo bien, pero la pregunta es ¿ahora qué?
¿Habrá seguimiento de la autoridad, hasta las últimas consecuencias?, ¿o surgirán acuerdos de perdón?