Editorial…

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Sin freno

Engolosinados por la respuesta de los mexicalenses en la protesta en contra del gasolinazo, algunos mal llamados líderes sociales, han mantenido posturas irreconciliables que seguramente les están generando beneficios con la permanente manifestación en los edificios públicos, donde han ocasionado daños a bienes del estado.
El problema principal de todo esto es que la autoridad, sea del ejecutivo, del municipio o del congreso del estado, ha sido blanda, permitiendo los desmanes y los daños, pese a tener plenamente identificados a los alborotadores.
Lo más reciente, lo ocurrido el miércoles pasado en la sede del Congreso del Estado, cuando manifestantes irrumpieron en el Congreso del Estado rompiendo la puerta principal de acceso, con el fin de protestar ante la posibilidad de que en la sesión que se celebraría se votarían proyectos de Asociaciones Público-Privadas, que los ciudadanos de estos grupos rechazan.
No se puede soslayar el derecho que todos los ciudadanos tenemos para externar nuestra disidencia con el pensar o el actuar de otros, pero de eso a la utilización de la fuerza bruta, como ocurrió el miércoles y ha sucedido en ocasiones anteriores frente al alcalde y al mismo gobernador.
No solo eso, los manifestantes se sienten intocables y protegidos por los derechos humanos, olvidándose que su derecho termina cuando se empiezan a afectar derechos de terceros.
Dicen representar a los ciudadanos, pero cuando los ciudadanos les nombraron sus defensores, cuando han preguntado a quienes pasan por sus campamentos si están de acuerdo en les representen.
Quienes están detrás de esas situaciones irregulares utilizan a los participantes de los plantones como carne de cañón, les arengan y les mandan por enfrente como punta de lanza, al tiempo que gritan, cuando se ven acorralados, no violencia, no violencia, cuando la violencia ellos la provocan.
El problema de la ausencia de autoridad no es exclusivo de Baja California, se observa a lo largo y ancho del país, a grado tal que los manifestantes, los alborotadores, le han perdido el miedo o el respeto a los integrantes de nuestro ejército nacional.
La complacencia fomenta la impunidad que reina en nuestra nación.