Entre Los Surcos…

Entre Los Surcos…

Deshonestas incongruencias

“A Dios rogando y con el mazo dando”, dice el refrán popular, o también podría aplicarse, “Con la boca rezando y con la mano matando”, a algunas acciones de empresarios agropecuarios que con el árbol tapándoles el bosque, no se dan cuenta de que pudieran estar matando la gallina de los huevos de oro.

Mencionamos esto porque muchos de los problemas que arrastran productores de trigo cayeron en aquello de que “La ocasión hace al ladrón”, cuando temerosos de bajos rendimientos y de no alcanzar a pagar el monto del crédito recibido, encontraron una salida que al final resultó una puerta falsa.

Empresarios agropecuarios beneficiados con apoyos federales, estatal y posiblemente municipales con el proyecto de “Mexicali, capital de la carne”, observaron la necesidad o intensión de trigueros de vender su cosecha, o parte de ella, decidieron comprarles, dicen que pagándoles en efectivo y sin reclamarles factura. 

Obvio, sabían que el trigo, si bien era propiedad del vendedor, representaba una garantía para la recuperación del crédito concedido por el habilitador, pero aun así lo compraron y el volumen total que se menciona en estas circunstancias es de entre 30 y 40 mil tonelada, pagadas a un precio de 4 mil pesos, estaríamos hablando de unos 140 millones de pesos.

Se desconoce el monto de la cartera vencida de la cosecha triguera 2015/2016,pero de cualquier forma, parte o esos 140 millones de pesos, son los reclamados por los habilitadores y por ello las quejas de quienes están siendo requeridos para el pago de sus saldos y tienen la amenaza de embargo de bienes dados en garantía.   

A los desviadores de cosecha, por no decir robo de cosecha, no les cuajó aquello de que “A río revuelto, ganancia de pescadores”, cuando pretendieron disfrazar o aprovechar situaciones climáticas, deficiencias de riego, siembras extemporáneas fuera de las fechas optimas indicadas, para escudarse en supuestos bajos rendimientos y vender el diferencial a los empresarios agropecuarios convertidos en voraces intermediarios o coyotes.

Con la aureola de buenos samaritanos, los empresarios agropecuarios, para justificar la irregularidad bien pudieron esgrimir aquello de que: “Ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”.

Los funcionarios federales y estatales conocen perfectamente de esta irregularidad de un sector empresarial que ha sido protegido con acciones y apoyado con recursos del erario, pero dejan pasar y el que venga atrás que atore.

*Licenciado en Periodismo. Cédula Profesional 9089292